La institución educativa: fronteras y márgenes para cartografiar
Pasillos vacíos, aulas despejadas y patio desolado, más tarde se
convirtieron en lugares de desorden, de relaciones socioeducativas. Choque
entre la agitación adolescente y el orden burocrático del equipo docente,
¿podrán convivir y entenderse? Estos últimos tenían absolutamente todo
controlado y a través de la disciplina como brazo autoritario ejercían control
sobre el tiempo y el espacio, había que hacer y controlar “cuerpos dóciles”
como dijo Foucault. La figura del docente es la de conocimiento y poder, los
alumnos mantienen una actitud pasiva y son meros receptores de información.
Está claro que la institución escuela ha sufrido un desorden en todos sus
niveles, se siente desbordada ante tantos requerimientos y situaciones
inesperadas, es ahí donde se abre el debate de si nosotros como educadores
somos los encargados de restaurar ese desorden tan dañino.
Presentamos el caso de Miguel, un chico diagnosticado de TDAH y trastorno
oposicionista desafiante. La escuela culpaba a los padres por su sobreprotección
hacia el niño y los otros padres decían que era un esquizofrénico. La culpa
vagaba de un lado a otro y nadie asumía responsabilidades. Al fin y al cabo, el
mayor perjudicado siempre será el niño. Su actitud frente a los estudios era
bastante buena, pero tenía algún conflicto con alumnos y/o profesores por
alguna de sus conductas (capucha en clase, hacer ruidos). El profesor invitaba
a salir de clase a Miguel, pero este resistía. La solución siempre era llamar
al orientador para que le sacara de la clase (a la fuerza si era necesario) y
se lo llevara a otro espacio bajo vigilancia constante. Después se llamaba a la
madre, pero esta afirmaba que esas situaciones no se daban en casa, lo único
era que su hijo no salía de casa ni se relacionaba con nadie. Los educadores
sociales cuando se incorporan a la institución educativa se encargan de tener
el control sobre estos niños que provocan “desorden”. En el caso de Miguel se
optó por enviarle a casa con un profesor particular. Cuando se presentó a los
exámenes aprobó todo sin problema. Volvió de nuevo al curso siguiente y su
comportamiento no distaba mucho del año anterior, por tanto, las educadoras
reflexionaron y ofrecieron alternativas alejadas de las normas y directrices de
la institución. Eso funcionó y acercó bastante a Miguel, que tras varios paseos
y conversaciones el chico se sinceró sin tapujos. El problema está en que
determinadas instituciones no buscan un acercamiento con el sujeto, solo se
sigue la vía disciplinaria y recta que proporciona soluciones rápidas. Para
concluir, es importante destacar que hay que alejarse de ideas preconcebidas
sobre los sujetos, para así formar parte del ideal instituyente con la
finalidad de desbancar lo instituido que provoca tensiones constantes en las
instituciones.
Comentarios
Publicar un comentario