Texto - Fracturando lo instituido
El peso que han tenido y tienen las instituciones en nuestra sociedad es bastante notorio. Con el paso de los años, muchas de ellas han optado por el camino de la renovación, de la actualización de sus formas de actuar, de derrocar lo instituido por lo instituyente, pero muchas otras, siguen ancladas en las prácticas tradicionales que les han servido desde siempre y no se plantean un cambio. Para nuestro modo de entender las instituciones, es necesario que estas se mantengan en una constante reflexión e incluso que se den ideas innovadoras centradas principalmente en el desarrollo y bienestar de los sujetos (depende de donde nos encontremos). Lo importante de la innovación no es la repercusión de esa idea concreta en determinadas circunstancias, sino que esta sea capaz de perdurar en el tiempo como parte necesaria en la institución. Se puede dar el caso de que la cultura institucional no acepte los cambios que se puedan aplicar, por ello, lo adecuado y arriesgado sería ir implementando prácticas que se vayan instaurando gradualmente y que no supongan una alteración en el orden institucional. La finalidad sería la búsqueda de oportunidades para que nuestro modo de entender el trabajo socioeducativo pase de instituyente a instituido, aceptado y reconocido.
En 1913 en Talavera de la Reina se funda "El Asilo de San Prudencio" también conocido como Fundación Aguirre. En él acogen a niños pobres (exclusivamente varones) con educación, alimentación y vestimenta gratuita. Se caracterizaba por la falta de la profesionalización (el trabajo de educador lo hacían personas del entorno eclesiástico) y la constante instrucción y vigilancia de los niños. La integración de los chicos en el entorno y la participación activa en las actividades de la institución quedó en el olvido. Había diferentes grupos y cada uno de ellos tenía una figura de referencia y autoridad, siendo el grupo dirigido por dos educadores sociales el que más cambios ha propiciado.
Cabe destacar que el concepto de asilo está relacionado con la beneficencia pero, con la profesionalización de lo social este término fue desapareciendo. No es el caso de San Prudencio que sigue con el nombre originario asociado a la caridad de hace un siglo. El control de los niños a través de la vigilancia constante y el encierro son varios de los signos destacables en la institución, aunque ahora las medidas son menos restrictivas.
Un día mientras los chicos jugaban al fútbol en el patio, se sintieron un poco asombrados porque el guardián (educador) no les estaba mirando. Uno de los chicos se acercó para preguntarle que hacía. El educador respondió que estaba leyendo poesía y el chico de forma irónica dijo que era aburrido. Pasaron los días y los chicos se acercaban más, e incluso algunos se interesaban por los comics. En realidad el educador estaba más vigilante que nunca, pero no de los cuerpos sino del "otro" y su palabra. Los chicos cada vez demandaban más libros, mayor interés por la lectura, por tanto, un día fueron a la biblioteca para disfrutar de una tarde entretenida. El equipo educativo llevaba tiempo intentando conseguir que los chicos se interesaran por la lectura y el estudio en vez de ser horas donde abundaba la desgana y el aburrimiento. Lo habían conseguido, los educadores como mediadores entre la cultura y los chicos, habían creado un escenario de aprendizaje socioeducativo sin hacer uso de la "mano dura", simplemente poniendo el foco alejado del control y la vigilancia.
Es por ello que a día de hoy, tenemos que seguir con el mismo encargo social. Lo que hay que cambiar son las formas, dejar atrás la vigilancia, dar libertad, participación y establecer un vínculo con los sujetos. Esto conlleva un trabajo diario y a largo plazo, teniendo siempre presente el hecho de crear otras sinergias y formas de trabajo en la institución.
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