Enfoques para el estudio institucional
Para comenzar es conveniente definir el
concepto de marcos institucionales, que son los encuadres
normativos que establecen (instituyen) un conjunto de relaciones sociales en un
orden determinado. Cada institución tiene una configuración particular de
hábitos y costumbres, de normas y reglas, de carácter explícito e implícito, que
la hace relativamente resistente a los cambios, pero a la vez, inmersa en
ellos.
Las instituciones son pactos
sociales que se concretan para canalizar representaciones o imágenes
sociales en un momento dado, pero realmente, ¿qué es un pacto social? Rousseau
fue de los primeros en usar este término, explicando que, para vivir en
sociedad, los seres humanos acuerdan un contrato social implícito, que les
otorga ciertos derechos a cambio de abandonar la libertad completa de la que
dispondrían en estado de naturaleza. Por tanto, los derechos y deberes de los
individuos constituyen las cláusulas del contrato social. El Estado es la
entidad creada para hacer cumplir el contrato. Del mismo modo, quienes lo
firman pueden cambiar los términos del contrato si así lo desean; los derechos
y deberes no son inmutables o naturales. Por otro lado, un mayor número de
derechos implica mayores deberes; y menos derechos, menos deberes.
Si nos vamos a nuestro ámbito de la
Educación Social, cabe destacar que los marcos institucionales son
absolutamente diversos, pues dependen en cada realidad, de los nuevos pactos
que se logre establecer entre el Estado, los actores sociales, las
instituciones hegemónicas en cada campo y en cada segmento poblacional, los
representantes políticos, los grupos de presión, etc.
En el marco institucional existen tres
ejes importantes:
· El contrato fundacional: principalmente
lo que hace es definir la función, el
objetivo o rendimiento que se quiere conseguir y no el producto o servicio
objeto del posterior contrato. Se piensa en el resultado que se desea, no
en una solución técnica específica.
El encargo social: El contrato fundacional es portador de un mandato social, es decir,
lo social (sociedad) hace un encargo a las instituciones. El estudio de las
leyes perfila el encargo social a las instituciones. La sociedad es la que
proporciona una serie de demandas (necesidades) que las instituciones se
encargan de regular y satisfacer.
· La cultura institucional: viene
a ejemplificar las diferentes lecturas que se realizan del encargo social, la
manera particular con que los actores institucionales se relacionan con y en la
institución, y el lugar que la propia institución ocupa en lo social.
Dentro de la cultura institucional existen
una serie de elementos que la componen:
-
Los usos y costumbres
-
Los sistemas de socialización, ingreso,
ascenso y promoción
-
Los distintos estilos que adquiere la
dinámica de las relaciones
-
El grado y sentimiento de pertenencia de
sus miembros
-
Las ceremonias y ritos
-
Los valores y principios
-
Los criterios de trabajo predominantes
-
Los modos de relación
-
Los modelos organizacionales.
Tipos de cultura
institucional
La institución puede ser: cuestión
de familia, cuestión de papeles o expedientes o cuestión de concertación.
1.- Cuestión de familia: los canales de comunicación no son formales. La
información circula a través de una red informal de articulaciones individuales
y se asienta en la interacción “espontánea” entre sus miembros. Por lo tanto,
la estructura comunicacional reproduce la relacional/afectiva. Esto provoca
circuitos de circulación de la información segmentados según las posiciones de
los miembros de la institución. Se jerarquiza la adhesión a los valores
familiares, la sumisión o la lealtad personal y afectiva. Se le da mayor
importancia a los objetivos personales, a lo subjetivo. Las estructuras
formales pueden debilitarse por el uso de lo informal y personal. La dinámica
se basa en el esfuerzo voluntario de los miembros que cumplen sus tareas a
partir de lealtades individuales con sus pares o con la autoridad. Los roles y
funciones que cumplir por parte de los diferentes miembros de la institución no
están bien definidos. No se recurre al marco normativo para establecer derechos
y obligaciones de las partes y, por lo tanto, no hay una clara asignación de
responsabilidades.
2.- Cuestión de papeles
o expedientes: Las organizaciones son percibidas y
representadas como máquinas y mecanismos. Este tipo de cultura institucional se
puede distinguir por las características que Weber enunciara para referirse a
las burocracias. Las jerarquías se hallan claramente establecidas en la
organización, integrando un sistema de mando y control de las autoridades
superiores hacia las inferiores. El liderazgo propio y específico de este tipo
de cultura institucional se denomina racional-legal. Se prioriza el registro de
la actividad administrativa en documentos escritos y la participación es
meramente formal. El flujo de la información fluye en sentido descendente para
transmitir a la base el contenido de las decisiones tomadas en el vértice de la
jerarquía y asciende en el caso de que se trate de respuestas a las órdenes. El
modelo de gestión en esta cultura es un modelo tecnocrático. La formalización
es el aspecto priorizado.
3.- Cuestión de
concertación: en este tipo se reconocen y
aceptan las diferencias, que se expresan por la presencia de múltiples
objetivos (coincidentes o contradictorios). El conflicto se visualiza como
inherente al funcionamiento institucional, pero la tarea se resguarda por
encima de las relaciones interpersonales. Se promueve el debate productivo
entre las mayorías y minorías para lograr consenso en torno al proyecto
institucional. Los modelos de gestión propios de este tipo de cultura
institucional son modelos profesionales. El modelo de gestión
profesional admite que los individuos tengan intereses, propósitos y objetivos
diferentes. En consecuencia, se tendrán que equilibrar y coordinar la
diversidad de intereses a fin de que los individuos puedan trabajar juntos en
las tareas sustantivas de la institución y en el cumplimiento global que liga
la institución a la sociedad.
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